¿Tu despacho pasa la mañana contestando llamadas de vecinos y la noche redactando actas de la última junta?
Más de 500 clientes satisfechos desde hace 20 años
Somos una agencia de IA para administradores de fincas que empieza por lo que más desgasta a un despacho: el teléfono que no para, el WhatsApp de cada presidente, la avería que llega a las diez de la noche, el acta pendiente, los recibos devueltos y el seguro que vence sin que nadie lo vea venir.
Para cada uno de esos frentes montamos una pieza concreta. El sistema recoge, clasifica, calcula, prepara y avisa; el administrador decide y firma. Nada se envía a un vecino ni se mueve un euro sin que una persona del despacho lo apruebe.
Cada mañana el despacho abre un panel ordenado por urgencia: la avería que hay que atender hoy, la junta que toca convocar esta semana, el contrato de mantenimiento que vence, el propietario que lleva más de noventa días sin pagar. No hay que ir a buscar nada; lo importante aparece primero.
Detrás de ese panel trabajan varias piezas. Un asistente que atiende a los vecinos y abre incidencias. Un transcriptor que convierte la grabación de la junta en un borrador de acta. Un motor que reparte cuotas por coeficiente y propone qué ingreso del banco paga cada recibo. Y un calendario que vigila contratos, seguros y revisiones.
Convive con tu programa de gestión. No hace falta migrar nada el primer día: se empieza por lo que más tiempo roba y se amplía después.
El valor no está en poner un robot a hablar con los vecinos, sino en quitar ruido. Que cada aviso llegue clasificado, cada acuerdo tenga responsable y fecha, y cada cobro cuadre al céntimo sin rehacer la hoja tres veces.
Una fuga o un olor a gas avisan a la persona responsable al momento.
De la grabación de la junta a un acta revisable con acuerdos y tareas.
El extracto del banco se cruza con los recibos y tú solo confirmas.
Los problemas que se repiten en casi cualquier administración de comunidades y la solución que ponemos en cada uno.
El vecino llama o escribe por WhatsApp, el sistema le reconoce por su móvil, abre la incidencia en su comunidad y le confirma que está registrada.
Aviso del plazo para convocar, convocatoria con la relación de deudores, asistencia, quórum y votos, y acta preparada a partir de la grabación.
Reparto por coeficiente al céntimo, conciliación con el extracto, avisos escalonados a deudores y borrador de certificado de deuda.
Ascensor, limpieza, extintores o seguro bajo control, avisados a 60, 30 y 7 días, incluido el último día para dar de baja una renovación automática.
Facturas de proveedores leídas y archivadas en su comunidad, con aviso de duplicados y gasto por partida listo para la rendición de cuentas.
Si llevas más comunidades que horas tiene el día, si tu equipo no puede avanzar con el trabajo de fondo porque el teléfono no deja, si las actas se acumulan o si te has enterado tarde de un seguro renovado sin querer, es buen momento.
No hace falta tenerlo todo claro. Lo habitual es empezar con dos comunidades en paralelo a tu programa actual, comprobar durante un par de semanas qué ahorra de verdad y decidir con datos si se amplía.
La mayor fuente de interrupciones de un despacho es la entrada de avisos: teléfono, WhatsApp, correo, presidentes, proveedores. Todo llega a la vez y por canales distintos, y lo urgente se mezcla con lo que puede esperar.
Nuestro agente atiende ese primer contacto. Identifica al vecino por su número, sabe a qué comunidad pertenece, recoge qué pasa y dónde, y abre la incidencia con su categoría y su urgencia. Si es grave, como una inundación o un olor a gas, avisa automáticamente y en el momento a la persona responsable; si no, queda en la cola del día con todo el contexto para que nadie tenga que volver a llamar.
Se presenta siempre como asistente y pasa con una persona cuando hace falta. Por escrito funciona con un asistente de mensajería y empieza en modo piloto, con los mensajes que tú apruebes.
El agente guarda el historial de cada incidencia: quién avisó, qué proveedor se envió y cuándo se cerró. Así, en la junta, el administrador puede contar con datos qué pasó con cada avería.
UNA INCIDENCIA
Del aviso del vecino al cierre de la avería
El vecino sabe en todo momento que habla con un asistente.
Muchos vecinos no escriben: llaman, y la atención telefónica es lo que más horas consume. Y lo hacen a la hora de comer, durante una junta o el viernes por la tarde. Un agente de voz responde cada llamada con una voz natural, entiende lo que le cuentan y gestiona lo que puede: registra la avería en su comunidad, toma nota de una solicitud de certificado o deja aviso para que alguien devuelva la llamada.
Para que siempre haya respuesta trabaja en cascada: un modelo de voz en la nube, uno local en tu equipo y, si ambos fallan, un guion de reglas. Tarda en torno a un segundo y medio en empezar a contestar. Si la llamada lo requiere, la pasa a la persona de guardia. Se pone en marcha como piloto con una línea del despacho; tienes más detalle en nuestra recepcionista virtual con IA.
Su límite es honesto: no se le puede interrumpir mientras habla y, si el equipo está ocupado con otra tarea pesada, tarda más en responder. Por eso lo urgente siempre acaba en una persona.
La junta de propietarios es donde más horas se van: prepararla, celebrarla y, sobre todo, cerrarla. Con nuestro sistema el ciclo completo queda cubierto:
Antes de grabar se da el aviso de grabación, y el audio se borra al terminar: queda solo el texto. El acta la revisa y la firma el administrador, como siempre, y los propietarios la reciben solo cuando él la da por buena.
Los acuerdos no se quedan en el papel. Cada uno tiene responsable y fecha, y el sistema avisa cuando vence: que el presupuesto de la cubierta se pida antes de fin de mes, que se convoque la extraordinaria, que se contrate el nuevo seguro. Así el administrador llega a la siguiente junta sabiendo qué se cumplió.
Repartir un presupuesto entre cuarenta viviendas con coeficientes de cuatro decimales es un trabajo exacto, y no debería hacerlo un modelo de IA. Lo hace un motor de cálculo: cuotas ordinarias y derramas al céntimo, en mensualidades, trimestres o los plazos que acuerde la junta.
Cuando subes el extracto del banco cada mes, el motor propone qué recibo paga cada ingreso, también un pago suelto que se reparte entre las cuotas más antiguas, y deja aparte lo que no sabe identificar. Tú confirmas. Si alguien se equivoca, el cobro se deshace con su motivo y queda registrado quién lo hizo.
Con los deudores, prepara los avisos en el tono que toca en cada fase, del recordatorio amable al requerimiento, para todos a la vez, y el borrador del certificado de deuda. Los revisas uno a uno antes de que salgan.
Las facturas de proveedores de cada comunidad se archivan con aviso de duplicados, y con ellas se prepara la rendición de cuentas para la junta.
Imagina un despacho con una administradora titular, una gestora que lleva las comunidades y una persona de contabilidad. Llevan varias decenas de comunidades y el día se reparte entre vecinos, proveedores, juntas y banco. Es un escenario de ejemplo, no un cliente concreto.
Cada persona ve su parte. La titular lo ve todo y aprueba lo que sale; la gestora trabaja incidencias, juntas y vecinos de sus comunidades, pero no mueve dinero; contabilidad cobra, concilia y prepara las cuentas. Si alguien se va de vacaciones, quien le cubre recibe acceso temporal a sus comunidades durante esos días.
Lo que se nota al final de la jornada es que se ha trabajado en lo pendiente y no solo en apagar fuegos: el panel de la mañana marcó las prioridades y las interrupciones llegaron ya ordenadas.
Al día siguiente, el panel de la administración de fincas vuelve a empezar con lo que quedó pendiente arriba del todo, para que nada se pierda entre jornadas.
UN DÍA CON EL AGENTE
Jornada tipo en el despacho
El agente se maneja hablando o escribiendo, desde el ordenador, el móvil o Telegram, y siempre dentro de las comunidades que cada persona tiene asignadas. Estas son órdenes típicas de un despacho de fincas, agrupadas por la tarea que resuelven.
Las respuestas indican de dónde sale cada dato: qué recibo, qué acuerdo, qué contrato. Cuando una orden supone enviar algo a vecinos o tocar dinero, el agente prepara el resultado y espera a que lo apruebes. Y si le das una instrucción para el futuro, como que en una comunidad las convocatorias van también por correo al presidente, la recuerda.
Las comunidades nuevas se dan de alta pegando el censo desde Excel o haciendo una foto a la hoja: el sistema lo lee, marca lo dudoso y solo crea lo que está bien.
Si una orden es ambigua, como «convoca la junta de Mayor», el agente pregunta qué comunidad y qué fecha antes de preparar nada.
PÍDESELO ASÍ
Lo que se le puede pedir
Un despacho de fincas maneja datos personales de cientos de propietarios y dinero de muchas comunidades, así que el reparto de autonomía está muy marcado. El agente lee, calcula, ordena y prepara; lo que sale hacia vecinos, proveedores o el banco espera a una persona.
Cada acción se valida según quién la pide, su rol y lo delicada que es, y queda en un registro encadenado con el nombre de quien la hizo: quién cobró, quién deshizo un cobro, quién convocó una junta. Las aprobaciones se dan en la bandeja del ordenador o con botones en el móvil, que caducan al cabo de un tiempo.
Hay límites fijos. El agente nunca paga a un proveedor, nunca entra en la banca electrónica y nunca envía una comunicación a vecinos sin aprobación. Borrar datos tampoco se permite desde el móvil: se hace desde el ordenador del despacho.
Ejemplo: contabilidad se equivoca al aplicar un cobro. Lo deshace con su motivo y el registro guarda ambos pasos con su nombre.
CADA COSA EN SU SITIO
Autonomía del agente en el despacho
Supón que el despacho acaba de ganar la administración de un edificio de treinta viviendas y dos locales. El anterior administrador entrega el censo en una hoja impresa, los coeficientes en otra y una carpeta con contratos de ascensor, limpieza y seguro.
La gestora fotografía las hojas. El sistema lee propietarios, viviendas y coeficientes, comprueba que suman cien y marca lo dudoso, como un nombre ilegible o un coeficiente que no cuadra con el resto. Ella corrige esas pocas líneas y se crea la comunidad. Después se cargan los contratos: cada uno queda con su fecha de vencimiento y sus avisos a 60, 30 y 7 días.
Con el presupuesto aprobado, el reparto de cuotas sale por coeficiente al céntimo. Si la junta decide una derrama, se añade en las mensualidades acordadas. En una mañana, la comunidad está lista para empezar a cobrar, recibir incidencias y preparar su primera junta.
Primero, media hora de videollamada: cuántas comunidades llevas, con qué programa trabajas, qué banco usas y cómo te llegan hoy los avisos de los vecinos.
Después, un piloto con dos comunidades. Importamos su censo desde Excel o desde una foto de la hoja, sus cuotas, contratos y seguros, y trabajáis a la vez con el sistema y con vuestro programa. A las dos semanas vemos juntos qué funciona y qué falta. El teléfono y WhatsApp se añaden solo si los queréis.
Todo es desarrollado por nosotros. Los datos de los propietarios pueden quedarse en un ordenador de tu oficina, en local, o alojarse en la nube si no te compensa dedicar un equipo a esto. Trabajamos en remoto.
Porque no te pedimos que cambies de programa ni de forma de trabajar para empezar. Porque las cifras las calcula un motor exacto y las decisiones las toma el administrador. Porque cada empleado ve lo suyo, cada cambio queda firmado con su nombre y, cuando alguien se va de vacaciones, quien le cubre recibe acceso temporal a sus comunidades.
Más de 500 clientes y más de 20 años nos respaldan.
Sí, las gestiona todas desde el mismo panel. Cada incidencia queda asociada a su comunidad, con su categoría, su urgencia y la persona responsable. El panel las muestra todas juntas, ordenadas por prioridad, y cada gestora ve las comunidades que lleva.
El agente la reconoce como urgente, avisa en ese momento a la persona de guardia que tú hayas indicado y confirma al vecino que su aviso está escalado. Lo que no es urgente queda registrado para la mañana siguiente con todo el detalle.
No, convive con él. Empezamos por lo que más tiempo quita, como avisos, juntas, actas y cobros, y trabajamos con importación y exportación en Excel o CSV. Si tu programa ofrece una interfaz de conexión, se puede integrar más adelante.
Sí. Se presenta como asistente del despacho y pasa con una persona en cuanto el asunto lo requiere. El vecino puede pedir dejar de recibir mensajes cuando quiera escribiendo BAJA.
En la versión local, los datos viven en un ordenador de tu oficina y la lectura de documentos y la transcripción de juntas se hacen ahí. Se cumple el RGPD: cada acceso queda registrado, puedes sacar en un clic todo lo que guardas de un propietario y nada sale sin tu aprobación.
Por eso prepara y tú apruebas: el control final es siempre tuyo. Lo dudoso se marca, un cobro mal aplicado se deshace con su motivo y todo queda registrado con el nombre de quien lo hizo. Los textos legales y los plazos son una ayuda: la última palabra es tuya.
Desde 500 € en función del proyecto. Depende de cuántas comunidades lleves, de qué piezas quieras poner en marcha y de si añades teléfono o WhatsApp, cuyas líneas eliges y pagas tú.
Sí. Se puede pegar el censo desde Excel o hacer una foto a la hoja impresa. El sistema lee propietarios y coeficientes en tu ordenador, marca lo dudoso para que lo revises y solo crea lo que está bien.
Todavía no genera el fichero de remesas SEPA ni lee el formato bancario Norma 43. Hoy trabaja con el listado de recibos en CSV y concilia con el extracto en CSV, proponiendo qué cuota paga cada ingreso. Te lo decimos antes de empezar para que no haya sorpresas.
Quien le cubre recibe acceso temporal a sus comunidades durante esos días, con sus mismos permisos. Al volver, el acceso se retira y en el registro queda quién hizo cada cosa en su ausencia.
La administración de fincas es un trabajo de mucha comunicación, mucha documentación y mucho cálculo exacto. Tres frentes donde la inteligencia artificial puede ayudar, siempre que se aplique con orden. Abrir más canales de atención sin decidir quién responde a qué solo cambia llamadas por mensajes sin contestar.
Por eso, antes de hablar de herramientas, conviene preguntarse qué tareas están robando más horas al despacho y cuáles generan más desgaste. En la mayoría la respuesta es la misma: la atención constante a vecinos y presidentes, las juntas y sus actas, y los cobros.
Primero, lo que más alivio da con menos riesgo: el borrador de actas y el aviso de vencimientos. Después, la entrada de incidencias con clasificación y urgencia. Más tarde, la conciliación bancaria y los avisos a deudores. Y en paralelo, una norma interna clara sobre qué hace el sistema solo y qué pasa siempre por una persona.
Hay decisiones que deben seguir siendo humanas: la interpretación de un conflicto entre vecinos, la comunicación delicada con un presidente, la validación final de un acta, una decisión económica relevante o una incidencia fuera de lo normal. La IA puede resumir, comparar y proponer, pero quien conoce la comunidad y decide es el profesional que la administra. Lo hemos diseñado así desde el principio: propone, prepara las tareas y espera tu aprobación.
Buena parte de las llamadas no son incidencias, sino preguntas: cuándo viene el técnico, si se aprobó la derrama, qué hay que pagar este trimestre. Cuando cada incidencia tiene su estado y cada acuerdo su fecha, el asistente puede responder lo que ya está decidido y registrado, y el vecino deja de llamar tres veces por lo mismo. Lo que no sabe, lo pasa al despacho.
Las facturas de los proveedores se leen y se archivan en su comunidad, con aviso si una llega repetida. A partir de ahí se obtiene el gasto por partida y la rendición de cuentas para presentar en la junta. Si quieres saber cómo funciona la lectura de facturas por dentro, lo explicamos en digitalización de facturas con IA.
En un despacho pequeño cada persona tiene su papel. La dirección lo ve todo. La gestora trabaja incidencias, juntas y vecinos de sus comunidades, sin mover dinero. Contabilidad cobra, concilia y lleva las cuentas. Este reparto se configura en el sistema, y cada acción queda firmada por quien la hace. Para otros flujos del despacho, como avisos periódicos o informes, tienes nuestra automatización de procesos.
En la versión local, todo está en un ordenador Windows de la oficina que hace de servidor, y el resto del equipo entra desde su navegador. Para transcribir juntas con rapidez conviene que lleve tarjeta gráfica; sin ella funciona, pero más despacio. Si prefieres no tener ese equipo, el sistema puede ir en la nube con los mismos permisos y el mismo registro de actividad.
En cualquiera de los dos casos, el vecino puede pedir dejar de recibir mensajes cuando quiera, y antes de grabar una junta se avisa a los asistentes.
Cuéntanos qué quieres resolver y te proponemos por dónde empezar, sin compromiso. Trabajamos con empresas de toda España en remoto, por videollamada.
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