¿Pierdes llamadas mientras estás en sala y tardas una tarde en encontrar aquel escrito que ya redactaste hace dos años?
Más de 500 clientes satisfechos desde hace 20 años
Como agencia de IA para abogados, no te ofrecemos otra base de jurisprudencia: para eso ya tienes las tuyas. Lo que hacemos es poner la inteligencia artificial a trabajar sobre el conocimiento propio del despacho, sus expedientes, sus escritos, sus plantillas y su agenda, y sobre las tareas que roban horas sin aportar criterio.
Encontrar un argumento en un expediente antiguo, preparar el borrador de un escrito que se repite, no perder un plazo, atender la llamada que entra mientras estás en el juzgado. Todo con una condición que en un despacho no se negocia: el secreto profesional. Por eso puede funcionar íntegramente dentro de tu oficina.
Partimos de un asistente que conoce tu despacho. Indexa los documentos que tú decidas, como expedientes cerrados, escritos, contratos, dictámenes o notas internas, y te permite preguntar con tus palabras. La respuesta llega con el documento y el pasaje del que sale, para que lo compruebes en un clic.
Sobre esa base se montan las piezas que cada despacho necesita: borradores a partir de tus plantillas, control de plazos y vencimientos por expediente, recordatorios para pedir documentación al cliente y atención de las consultas que llegan por teléfono, web o WhatsApp.
El asistente prepara y el abogado firma. Ningún escrito, correo ni cita sale del despacho sin que una persona lo apruebe, y cada acción queda registrada con quién la hizo y cuándo.
La mayoría de profesionales del derecho no necesita una IA que piense por ellos, sino una que les quite de encima lo repetitivo para que el tiempo del abogado vaya a lo que solo él puede hacer: estudiar, negociar, defender y hablar con el cliente.
Lo que se escribió una vez se encuentra siempre, con su fuente a la vista.
Cada vencimiento apuntado en su expediente y avisado con antelación suficiente.
En local, los documentos de tus clientes no salen nunca de la oficina.
Los problemas que más se repiten en el trabajo jurídico diario y la pieza concreta que montamos para cada uno de ellos.
Pregunta por un argumento, una cláusula o un cliente y obtén el pasaje exacto con su documento, respetando los permisos de cada abogado.
Escritos legales, cartas, requerimientos y contratos tipo preparados con los datos del expediente y tu estilo, listos para que los revises.
Vencimientos por expediente con avisos escalonados, señalamientos y desplazamientos al juzgado en el calendario del abogado responsable.
Recordatorios preparados para pedir lo que falta y archivo de cada documento recibido en su expediente, sin perseguirlo por correo.
Llamadas y mensajes atendidos fuera de horario o durante una vista: recoge la consulta, la resume y deja la cita en tu agenda.
Si en tu bufete se repiten cada semana escritos muy parecidos, si el archivo de expedientes cerrados es un tesoro que nadie consulta porque cuesta encontrar las cosas, si los plazos dependen de la memoria de una persona o si se pierden consultas por no contestar a tiempo, es un buen momento.
No hace falta cambiar de programa de gestión ni digitalizar todo el archivo de golpe. Se empieza por un área o un tipo de asunto, se comprueba que funciona y se amplía.
Un abogado está obligado al secreto profesional sobre todo lo que conoce por su cliente. Pegar un contrato o un relato de hechos en un chat genérico de IA es, como mínimo, una decisión arriesgada: no siempre sabes dónde se procesa, cuánto tiempo se guarda ni quién puede acceder.
Nuestra opción local resuelve ese problema de raíz. Los modelos de IA se instalan en un equipo de tu oficina, con una tarjeta gráfica de unos 16 GB, y los documentos se leen, indexan y consultan sin salir de ella. Si lo pides, se activa un modo sin conexión estricto en el que el sistema no llama a ningún servicio externo.
Para despachos que prefieren no tener ese equipo, también funciona en la nube, con los mismos controles. En los dos casos, los permisos se aplican antes de que el modelo vea nada: un abogado no puede obtener respuestas de un expediente al que no tiene acceso.
En la versión local hay una garantía más: tus escritos y los datos de tus clientes no llegan a ningún proveedor externo, así que tampoco pueden acabar entrenando un modelo ajeno.
Son tres cosas distintas y conviene no mezclarlas:
No compite con tu base de datos jurídica; la complementa. Y tiene una regla que evita el error más grave: si no encuentra la respuesta en tus documentos, lo dice, y distingue entre lo que no existe y lo que aún no se ha indexado.
En la práctica, muchos despachos acaban usando las tres: la editorial para investigar jurisprudencia, el chat para un primer borrador sin datos del cliente y nuestro sistema para todo lo que toca expedientes propios. Lo importante es que los datos confidenciales solo pasen por la herramienta que puedes controlar.
TRES HERRAMIENTAS
Para qué sirve cada tipo de IA en un despacho
No se sustituyen entre sí: lo nuestro complementa a tu base jurídica.
Quien busca abogado suele hacerlo con prisa y a deshoras. Si nadie contesta, el lunes ya ha escrito a otros tres despachos. Y entre semana pasa lo mismo cuando estás en sala con el móvil apagado.
Una recepcionista virtual atiende la llamada, pregunta lo necesario para orientar el asunto, abre la ficha y ofrece un hueco real de tu agenda: nunca confirma una cita que no exista. Por escrito, un chatbot en la web o en WhatsApp hace lo mismo con las respuestas que tu despacho ha aprobado. Ninguno de los dos da consejo jurídico: recogen, ordenan y te pasan el asunto resumido para que lo valore un profesional.
La atención telefónica y por WhatsApp se pone en marcha como piloto con tu número y tus textos, para comprobar cómo responde antes de dejarla sola.
Ejemplo: un sábado por la noche alguien escribe por la web contando un despido. El asistente le pregunta la fecha y el tipo de contrato, le explica qué documentos conviene traer según lo que el despacho ha dejado escrito y le ofrece un hueco del lunes. El abogado de laboral encuentra el resumen al abrir su agenda.
Imagina un despacho de tres abogados y una persona de administración que lleva civil, laboral y algún asunto de familia. Hay vistas por la mañana, el teléfono suena mientras nadie puede cogerlo y por la tarde se acumulan los escritos. Es un escenario ilustrativo, pero reconocible.
Lo que cambia con la inteligencia artificial no es quién trabaja, sino a qué dedica cada uno su tiempo. El abogado deja de buscar en carpetas y de reescribir el mismo requerimiento; administración deja de perseguir documentos por correo; y las consultas que entran fuera de horario no se pierden. Todo lo que sale hacia un cliente, un juzgado o la parte contraria pasa antes por la bandeja de aprobaciones.
Si alguien del despacho trabaja desde fuera, las aprobaciones le llegan al móvil con botones que caducan, para no dejar nada pendiente de un día para otro.
Ningún paso de la jornada requiere conocimientos técnicos: se pregunta, se revisa y se aprueba.
UN DÍA CON EL AGENTE
Jornada tipo en un despacho pequeño
El agente se usa con frases normales, como se le pediría algo a un compañero. Estas son órdenes habituales en un despacho:
Las respuestas llevan siempre su fuente: el documento, la página o el pasaje. Los borradores se preparan con las plantillas del despacho y se pueden firmar en el propio equipo con AutoFirma y tu certificado, cuando tú lo decidas. Y el agente recuerda las instrucciones que le das, separando lo que es memoria de lo que es una orden.
En un despacho, cada documento puede estar sujeto a secreto profesional, así que la autonomía del agente se gradúa por niveles: leer, analizar, preparar un borrador, ejecutar con aprobación o ejecutar con una autorización previa. Hay acciones que, directamente, están prohibidas.
Los permisos, base de la seguridad del sistema, se asignan por persona y por expediente. Un abogado ve sus asuntos y los que comparte con otro; administración puede gestionar agenda y documentación sin acceder al contenido de un expediente penal, por ejemplo. Cada acción queda en un registro encadenado: quién pidió qué, cuándo y qué se hizo.
La IA nunca se aprueba a sí misma. Las aprobaciones se dan en la bandeja del ordenador o con botones firmados en el móvil, y lo más delicado, como borrar o pagar, solo se puede hacer desde el ordenador del despacho.
Ejemplo: un asociado pide enviar al cliente el borrador de la demanda. El agente lo prepara con el correo y el adjunto, pero no lo manda hasta que el socio responsable lo aprueba. En el registro quedan ambos pasos.
CONTROL DEL ABOGADO
Qué decide el agente y qué decides tú
La pregunta que más nos hacen los despachos es dónde van a estar los datos. La respuesta depende de vuestro tamaño y del tipo de asuntos, y hay cuatro opciones:
En todas, si un modelo falla, el sistema pasa al siguiente de una cadena de respaldo y termina en uno local, para que nunca te quedes sin respuesta.
Piensa en un despacho con quince años de expedientes en una carpeta compartida: miles de escritos, contratos y sentencias, ordenados como se pudo en cada época. Cuando entra un asunto parecido a uno antiguo, la abogada recuerda que ya lo resolvieron, pero no dónde ni cómo, y acaba empezando de cero.
Indexar ese archivo en local lleva una noche por cada diez mil documentos. A partir de ahí, la pregunta «¿Cuándo recurrimos una cláusula suelo con este argumento?» devuelve los escritos con el pasaje marcado, aunque el documento se llame «borrador final 2 definitivo». Los escaneos antiguos pasan antes por OCR para que también se puedan buscar.
El buscador respeta los permisos: cada abogado obtiene respuestas solo de los expedientes que puede ver. Y si algo no aparece, el sistema distingue entre lo que no existe y lo que todavía no está indexado, para que nadie dé por hecho que no hay precedente cuando sí lo hay.
Empezamos con una videollamada en la que nos cuentas cómo funciona la firma: qué materias lleváis, cómo archiváis los expedientes, con qué plantillas trabajáis y dónde se os va el tiempo.
Elegimos juntos el primer uso, normalmente la búsqueda en expedientes o los borradores de un tipo de escrito, e indexamos solo la parte del archivo que autorices. Lo probáis con asuntos reales, ajustamos y, cuando responde como esperáis, ampliamos.
El sistema es desarrollado por nosotros y se conecta con tu correo, tu calendario y tus carpetas, sin rebajar la seguridad que ya tenéis. Se instala en un ordenador del despacho, con todos los datos dentro, o en la nube cuando no compensa tener una máquina propia. Trabajamos siempre en remoto.
DE LA LLAMADA AL USO DIARIO
Cómo lo implantamos en un despacho
Porque entendemos que en un despacho la confidencialidad no es un argumento comercial, sino una obligación, y por eso la opción local es la primera que proponemos. Porque cada respuesta lleva su fuente y nada sale sin la firma del abogado. Y porque no vendemos una plataforma cerrada: adaptamos el sistema a tus plantillas, tus materias y tu forma de archivar.
Llevamos más de dos décadas en esto y hemos trabajado con más de 500 clientes.
No. Prepara borradores, busca, ordena y recuerda, pero no decide la estrategia, no negocia ni firma. Cada salida la revisa un abogado. Lo que libera es tiempo de tareas repetitivas para dedicarlo al estudio del caso y al cliente.
Donde decidas. En la opción local, en un ordenador del despacho, y ningún documento viaja fuera; incluso puede trabajar sin conexión. En la nube, con usuarios individuales y un registro de cada consulta. En los dos casos el tratamiento se ajusta al RGPD y al secreto profesional.
Trabajando sobre tus documentos, cada respuesta va con sus fuentes, el pasaje exacto del que sale,, y si no lo encuentra lo dice en lugar de rellenar el hueco. Aun así, todo borrador lo revisa el abogado antes de usarlo, igual que revisaría el de un compañero.
No. Nos conectamos al correo, al calendario y a las carpetas que ya usáis, y las plantillas son las vuestras. Si algún día queréis ir más allá, se valora, pero el punto de partida es cómo trabajáis hoy.
Hay dos marcos que conviene tener presentes: el RGPD, por los datos personales de tus clientes, y el Reglamento europeo de IA, que clasifica los usos de la inteligencia artificial según su nivel de riesgo. A eso se suma tu deber de secreto profesional. Por eso proponemos supervisión humana en todo y la opción local.
Depende de lo que hagamos primero. Un buscador sobre una parte del archivo o los borradores de un tipo de escrito pueden estar listos en poco tiempo. La atención telefónica lleva más porque va con un piloto previo. Te damos plazos concretos en la propuesta.
Desde 500 € en función del proyecto. El precio final depende del volumen de documentos que se indexan, cuántas piezas se montan, cuántos abogados lo usan y si va en un equipo del despacho o en la nube.
Prepara el documento y lo deja listo para firmar en el propio equipo con AutoFirma y tu certificado. La firma la haces tú, cuando lo has revisado. El agente no firma por su cuenta ni presenta nada en sedes judiciales.
Para una a cinco personas basta un PC con tarjeta gráfica de 16 GB, de entre 1.300 y 2.200 € con IVA. Para más usuarios o para voz y documentos a la vez se usan tarjetas de 24 a 32 GB o un servidor. Si no quieres equipo propio, existe un servidor confidencial gestionado en la Unión Europea.
Sí, con su propio rol. Administración puede llevar agenda, documentación y recordatorios sin ver el contenido de los expedientes que no le corresponden. Cada persona tiene sus permisos y cada consulta queda anotada con su nombre.
La inteligencia artificial ha entrado en la abogacía por dos puertas. La de las editoriales jurídicas, que han añadido asistentes a sus bases de legislación y jurisprudencia, y la de los chats generalistas, que muchos abogados usan por su cuenta para redactar o resumir. Ninguna de las dos resuelve lo que más tiempo quita en un despacho pequeño o mediano: el trabajo interno.
En la práctica del derecho, ese trabajo interno es encontrar lo que ya se hizo, preparar lo que se repite, controlar lo que vence y atender lo que entra. Es ahí donde una solución a medida, con el conocimiento propio del despacho y bajo su control, marca la diferencia.
Uno de los usos más útiles es la lectura asistida de documentos extensos: resumir un contrato en sus puntos clave, localizar las cláusulas de resolución o de penalización, comparar dos versiones o extraer fechas y obligaciones para el calendario. El abogado no deja de leer el documento, pero llega a él sabiendo dónde mirar.
Cada despacho tiene su forma de escribir y sus modelos. Un buen sistema no impone un estilo genérico: rellena tus plantillas con los datos del expediente y se encarga de la redacción del texto variable, de modo que el abogado revisa y corrige en lugar de empezar desde una página en blanco. Si quieres que estos borradores formen parte de un flujo más amplio, con avisos y tareas, lo enlazamos con nuestra automatización de procesos.
Lo más sensato es elegir el problema que más duele y medirlo. En despachos con mucho volumen de asuntos parecidos, como reclamaciones, extranjería o segunda oportunidad, suele ser el borrador de escritos. En despachos con muchos años de archivo, el buscador de expedientes. Y en los que viven de la captación, la primera atención de consultas. Empezar por una sola pieza permite ver resultados en asuntos reales antes de decidir el siguiente paso.
En el ejercicio de la abogacía la responsabilidad del profesional es personal. Por eso nuestro sistema funciona con una bandeja de aprobaciones: el asistente propone y una persona del despacho aprueba, corrige o descarta. Las acciones quedan identificadas, no se duplican y se pueden deshacer. En bufetes con varias áreas, cada abogado ve los expedientes que le corresponden y la base de conocimiento se puede separar por departamento.
Si lo que más te interesa es poder consultar todo el archivo del despacho como si hablaras con él, mira nuestra IA privada para empresas. Y si además quieres que un agente ejecute tareas dentro del equipo de la oficina, como mover documentos, preparar carpetas o rellenar hojas, eso es un agente de IA local.
Hay decisiones que en un despacho deben seguir siendo humanas: la estrategia del asunto, la valoración de la prueba, la negociación con la otra parte y cualquier comunicación delicada con el cliente. La IA es buena leyendo, ordenando y preparando, pero no conoce al cliente ni asume la responsabilidad. Por eso el reparto de papeles tiene que estar claro desde el principio: el sistema propone y el abogado decide.
Cuéntanos qué quieres resolver y te proponemos por dónde empezar, sin compromiso. Trabajamos con empresas de toda España en remoto, por videollamada.
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